Moda

¿Moda para todos? Ana Carbajal explora la inclusión de la moda mexicana.

Por Rodrigo Battista

¿Moda para todos? Ana Carbajal explora la inclusión de la moda mexicana a través de su punto de vista en el pasado y presente de la industria, en un artículo exclusivo para Volvo Fashion Week México, coescrito por Rodrigo Battista.   Cuando comenzó mi amor por la moda, mis referentes de inspiración tenían una talla […]

¿Moda para todos?

Ana Carbajal explora la inclusión de la moda mexicana a través de su punto de vista en el pasado y presente de la industria, en un artículo exclusivo para Volvo Fashion Week México, coescrito por Rodrigo Battista.

 

Cuando comenzó mi amor por la moda, mis referentes de inspiración tenían una talla y perfil específico. Todos compartían en sí un mismo cuerpo que se podía adaptar a cualquier show e idea. Mi percepción de la moda estaba limitada a la talla cero, a los samples sales con piezas que posiblemente solo podría coleccionar y escondiéndome en los accesorios que sin importar mi talla podrían hacerme sentir parte de este mundo. Esta historia comenzó a ser popular entre diferentes personas apasionadas por esta industria, y de alguna manera comenzó a normalizarse el no encajar por completo. 

 

Hace unos años conocí a quien se convertiría en mi nuevo referente de resiliencia. Una mujer que nada contra corriente, resistiendo a los cambios brutales de las diferentes temporadas. Un ser humano que se sentaba a encontrar elefantes en habitaciones y que entre empatía y piezas de diseñador lograba coexistir

 

Me reuní con Ana Carbajal en el corazón de la Ciudad de México para platicar más sobre este tema y poder explorar desde su vivencia este problema que se desvanece entre las nuevas tendencias que nos empujan a dejar de ser lo que somos para convertirnos en algo idéntico y sin distinción. Una plática que se convirtió en una editorial que refleja el sentimiento de ser una mujer que no encaja del todo con la industria de la moda. 

La conversación comenzó cuando Ana trajo a la mesa la siguiente pregunta: 

 

¿Fue realmente mi cuerpo el que me robó experiencias de vida o fue la falta de inclusión y digna representación la que me hizo sentir que no merecería vivirlas?

 

Por años culpé a mi cuerpo de todo: de no tener pareja, de no poder ir a la playa, de no encontrar un vestido para una boda, de no ser elegida, de la sensación de invisibilidad con la que crecí, de la vergüenza con la que vivía, del bullying que me hacían y de mi baja autoestima.

Esta culpa y vergüenza se reforzaban con todo lo que venía a mi alrededor: portadas de revistas que promovían dietas extremas, haciendo zoom a la celulitis de mujeres, criticándolas por básicamente ser humanas; programas de televisión en donde la narrativa siempre era la misma: premios a las personas delgadas y castigos y burlas a las personas gordas o con cualquier otra característica que se saliera de la norma de lo que era “belleza”; realities shows como ANTM, entre otros, donde abiertamente en televisión nacional se burlaban de personas, normalizando el bullying y promoviendo un guion que se nos instaló en la mente. Pareciera que todo lo que vivíamos era un manual tanto para crear bullies como para aceptar ser las víctimas.

Normalizar la caricaturización de las personas gordas, la exclusión y la representación negativa causó que sintiéramos que no merecíamos algo bueno y que no pertenecíamos; que no merecíamos amor romántico, que no merecíamos ser las protagonistas, las heroínas, las aclamadas y premiadas. 

 

¿Cómo afecta la falta de inclusión la percepción personal de cada individuo? 

La falta de inclusión causo que, si no teníamos un cuerpo normativo o hegemónico ya prácticamente pasábamos del otro lado, causando que niñas desde los 5 años estén teniendo pensamientos negativos sobre su físico, y un 34% de ellas, según un estudio realizado en la Revista Internacional de Desórdenes Alimenticios en 2015, estén practicando restricción dietética. Repito: desde los 5 años. Brutal.

Por lo que no podemos ignorar el impacto que tiene en la salud mental la falta de inclusión de la moda. A pesar de los datos, de los estudios, de los miles de historias compartidas, pareciera que aun los diseñadores y marcas no escuchan.

 

¿Cómo fue tu primer acercamiento a la moda? 

Desde que comencé a modelar en 2015 pude ver cómo se desenvolvía la inclusión ante mis ojos, y cómo transformaba vidas, comenzando con la mía en la que una fotografía  me cambió el destino en un centro comercial. 

Todos tenemos algún momento que recordamos, que algo hizo click en nuestra consciencia, alguna realización, algún descubrimiento que marcó un antes y un después en nuestra vida. Para mí fue en aquel enero del 2015 en un centro comercial, donde un fotógrafo que acababa de conocer me pasó su laptop para mostrarme a la primera modelo de tallas extra que había visto en mi vida.

Era Candice Huffine divina posando y mostrando sus rollitos de la espalda y yo simplemente no lo podía creer. Ella rompía con toda creencia que tenía respecto a lo que conocía de la moda y la belleza. Y fue con esa foto que comenzó mi carrera. Fue la primera vez que pensé que podía existir un lugar para mí, la representación me hizo sentir que podría pertenecer y lo hice.

 

¿Tu amor por la moda cambio después de tu primer contacto con el rechazo?

La moda, para mí, era un lugar seguro, que amaba explorar y que me hacía sentir bien respecto a mí misma. Esa utopía poco a poco se iba terminando en cuanto las tiendas de ropa dejaron de ser un lugar amable y se volvieron de cierta manera una pesadilla en donde los probadores eran el cuadrito donde en muchas ocasiones las lágrimas eran lo único que me llevaba a casa.

Fue ahí, detrás de esas cortinas, donde aprendí a odiar mi cuerpo. Porque, si nada me quedaba, significaba (en mi percepción) que había algo malo conmigo, y jamás se me llegó a cruzar la idea de que era el sistema el que estaba mal. Y no la existencia de mi cuerpo.

 

 ¿Cómo abordaste esta situación? 

Para mi graduación de secundaria y preparatoria no quise pisar una tienda, decidí que mi amor por la moda no iba a estar limitado por su falta de diversidad y diseñé mis propios vestidos. Fue igual con mi vestido de 15 años y así con cada evento importante, buscaba lápiz y papel y alguna talentosa costurera de mi ciudad que me ayudara a dar vida a mis diseños.

Pero también eso me agotó, ¿por qué no podría vivir la experiencia de ir a comprar ropa con una amiga como cualquier adolescente? Esa sensación de que mi cuerpo era un defecto y una carga me marcó por más de 20 años, afectó mi merecimiento, mi autoconcepto y en general hizo que me resignara a una vida que ni me gustaba, desde la elección de mi carrera, rechazando mis sueños aun antes de que empezaran, porque no había un lugar para mujeres como yo en una industria que amaba.

 

Hace exactamente 11 años, la versión adolescente de  Ana Carbajal tuvo por primera vez la oportunidad de pertenecer a la industria de la moda.  ¿Qué recuerdas de ese primer encuentro? 

 

Hasta aquel día en el centro comercial, cuando por primera vez pude separar la belleza de la talla, saber que existían modelos con un tipo de cuerpo como el mío, que eran hermosas y que transmitían ese poder de ser dueñas de sí mismas y de su cuerpo y narrativa. Representando a mujeres que por años habíamos sido ocultas, relegadas y básicamente borradas del mapa de la industria, causando que espejeáramos ese rechazo en nuestras vidas. Fue como una chispa que revolucionó todo en mi vida, porque por primera vez comencé a creer realmente que podría ser bonita, y pude comprender que la belleza y la talla son dos cosas diferentes. Algo que siempre nos habían mostrado que iban de la mano.

Esa fotografía me inspiró a deconstruirme en muchos niveles y a soñar alto. Nueve meses después de haber conocido a ese fotógrafo y haberme inspirado profundamente por la diversidad, estaba mudándome a Ciudad de México para ser parte de ese boom que prometía que era el fin de una era tan tóxica que muchas aún cargamos sus heridas, en la que millones de mujeres habíamos puesto nuestro valor en cómo lucían nuestros cuerpos, casi olvidando que somos mucho más que eso.

 

Vivir en piel propia este momento revolucionario debió ser impactante para ti, ¿En algún momento creíste que acabaría? 

 

Este boom prometía que ahora sí íbamos a ser vistas, representadas dignamente y que al fin iba a haber también productos diseñados especialmente para nuestras necesidades, y por todos lados había notas periodísticas sobre la nueva campaña con modelos plus size, sobre la primera portada de Sports Illustrated, sobre la primera pasarela con modelos de tallas grandes. Fueron los años de las primeras veces, y mi corazón, como el de miles de mujeres, estaba sanando. Solo para volverse a romper al ver que rara vez había una segunda o tercera vez.

Modelé en Reino Unido, Alemania, USA, México, Chile y otros lugares en donde la sensación era la misma: “al fin llegó la inclusión”. Se sentía un alivio y emoción por este movimiento, desde creativos hasta clientes. Recuerdo una de mis primeras pasarelas en México, en las que una de las chicas del público se me acercó al final con lágrimas en los ojos porque nunca había visto a una mujer con un cuerpo como el de ella en un desfile, y no pudo decir más, y no era necesario porque con cada parte de mí la entendía. Ese silencio lo decía todo. Sentí lo mismo la primera vez que me sentí representada, era como si de pronto un peso se levantara de nuestros hombros y de una manera irónicamente absurda “tuviéramos permiso” de sentirnos bien con nosotras mismas. Algo que siempre se nos fue negado al no encajar en el estándar impuesto de belleza.

Hasta que las luces comenzaron a apagarse, una a una, hasta llegar al presente: una era de mucha incertidumbre de la que necesitamos poner en la mesa de conversación.

 

¿Por qué está la inclusión desapareciendo si nosotros seguimos existiendo?

 

Tristemente, pareciera que la inclusión se quedó en las primeras veces, se quedó en las noticias, en los espectaculares, en los headlines, pero no llegó a la raíz del problema, ni a lo deseado que era la normalidad. Se volvió la inclusión un “evento especial” creado para acomodarse según los intereses de agenda, en su mayoría intereses de todos menos del público que lo necesitaba dejó de ser relevante.

Esto es una falla en el sistema, porque parece irónico esta reducción de tallas cuando el 54% de la población usa una talla 14+. Por lo general, más de la mitad de las personas no solo no estamos representadas, sino que ni siquiera hay opciones para vestirnos.

El trend por ser delgado a toda costa, y viviendo en una sociedad más conservadora, en la que pareciera que ahora esa necesidad que teníamos colectivamente por la inclusión se invirtió y ahora hay una “necesidad” o deseo aspiracional por lo contrario: con el típico “clean look”, buscando de cierta manera cada vez lucir como los demás, perdiendo colectivamente lo individual.

 

 

¿Cómo podemos revolucionar esta narrativa?

Yo estoy lista para esa revolución, no solo por mí, sino por las que vienen, por mis futuras hijas, sobrinas, nietas, para que no sufran lo que sufrimos, para que no despierten cada día preguntándose ¿por qué no son suficientes? Y buscando ese amor y esa aceptación siempre fuera de si mismas, en ojos y palabras ajenas.

la pertenencia no puede ser condicional. Tu cuerpo no es un proyecto pendiente. No tienes que justificarlo, corregirlo ni esconderlo para que sea digno. En un mundo que quiere hacerte dudar de ti misma, amar y reconectar con tu cuerpo es un acto político y profundamente revolucionario.

Mi cuerpo no es tu estrellita en la frente, ni la palomita en un bucket list de marca, ni parte de un ciclo de la moda. Los seres humanos no somos un trend, no somos parte de un show que solo existe cuando el director quiere, cuando hay público que aplauda.

 

El presente del cuerpo humano:

 

En la actualidad diferentes diseñadores han optado por crear piezas de moda que se adaptan al cuerpo humano de manera natural. Con un gran catálogo de tallas que invitan al consumidor a explorar su gusto por la moda.

En México el diseño lucha con permanecer bajo su propia presencia. Manteniéndonos fuertes ante los cambios globales que sacuden las tendencias del momento. La lista de diseñadores que apoyan este movimiento cada día es más grande, desde el diseño emergente hasta el establecido. Uniéndonos en comunidad para permitirnos ser quienes en realidad somos.

 

Ana Carbajal cierra la entrevista con la siguiente frase:

“La inclusión es representación de lo real, de lo humano, de lo que existe y negarnos es negar parte de la humanidad, es negar el cuerpo de nuestra madre marcado al darnos la vida, es negar el paso del tiempo y sus heridas en nuestra piel, es negar la vida misma, porque pareciera que vivir y tener marcas de ello no es bien recibido, la inclusión es respeto, es darle lugar a lo que ya existe, no necesitamos que “se cree” algo nuevo, necesitamos que volteen alrededor y puedan reconocer lo que ya existe, un mundo y una humanidad llena de diversidad y riqueza por naturaleza, y aunque por años creímos lo contrario es ahí en nuestras diferencias, donde radica la belleza más única e incomparable.”

 

 

Dirección Creativa: @rodrigobattista_

Modelo y Escritora invitada: @itsanacarbajal

Fotografía: @soyhash

Maquillaje: @mbo_makeup

Asistente de producción: @paolamonzerraath

Estudio: @veintebuhos Joyería: @tten.jewelry  Accesorios: @mvluckyofficial

 

Descubre la editorial completa en nuestra cuenta de Instagram y mantente al tanto de las novedades de la industria de la moda en Volvo Fashion Week México.